ASI SOMOS CON EL ARTE

 In Sin categorizar

Uno de los grandes problemas que sufrimos con nuestras obras de arte, es la falta de justificación de su procedencia  (Provenance) y de su certificación, sobretodo con aquellas que proceden de la familia o se compran de forma apresurada.

Este asunto viene de lejos, y fundamentalmente por nuestro atávico  celtibérico sentido del falso orgullo. Cuento la historia y luego por su cuenta multipliquela por cien o por mil según la antigüedad de la obra en cuestión.

Dicese de un noble español de rancio abolengo, que un día , bien porque estaba arruinado, bien porque no entendía nada de arte, decidió poner en venta alguna de las piezas que se atesoraban en su casa familiar. Piezas que probablemente compró un antepasado que a lo mejor entendía algo más que él o porque el artísta estaba de moda entre la COrte y claro, él tenía que tener uno.

El noble descendiente quería vender, pero !Ay amigo!, la cuestión era que no quería que se supiese que él, un noble, vendía su colección o parte, así pues recurrió a quien seguro podría mantener el asunto en secreto o discretamente, nada mejor para ello que su confesor o en su defecto el párroco de la iglesia

– ¿Seguro Pater que no se sabrá que soy yo quien vende, no? Nunca un (apellido) ha vendido sus posesiones como un vulgar comerciante…

– No se preocupe vuestra excelencia que conozco a un viajante (gitano)que llevará vuestro cuadro hasta Madrid con toda discreción, donde mi primo que también es religioso y está bien relacionado en la Corte  podrá encontrar comprador.

-Mire, su beatisima, que la obra fue encargo de mi abuelo al pintor y que ya costó buenos duros…!Pero sobretodo que nadie se entere!, que ya sabe la maledicencia de la Corte y a lo mejor no se entiende que me halla “cansado” de ver este cuadro…

-No se preocupe su Excelencia que el mejor trato se hará y si queda usted satisfecho, no olvide su excelencia de este pobre párroco que tiene que afrontar honerosos gastos en su parroquía.

Y así de norte a sur y de este a oeste, circulaban las obras de arte en España, ni el párroco sabía que vendía y el viajante menos, sólo que la obra era de Gente Principal y así se perdía algo tan importante para una obra de arte importante, como es saber para quien fue pintado.

 

Otra historia más reciente, es cuando un afamado constructor (o promotor inmobiliario) o empresario, con ganas de darse lustre a través del arte, decidía invertir el dinero que bien había ganado, pero no declarado, es decir en Negro de toda la vida de Dios, y acudía al vendedor /mercader de arte:

-Mire usté, que yo quiero comprar un cuadro caro, pero no me complique la vida que viene luego Hacienda y me la lía…

-Bien, pero usted querrá todas las garantías ¿NO?, certificados , facturas, etc…y eso , claro, queda registrado y sobretodo con obra de autores importantes y caros…

-!No, no, no!…Una cosa sencillita , que los papeles los escribe el diablo…

-Bueeeno, no se preocupe. Aqui tengo una obra única, excepcional, firmada por “tal”pero con el certificado de un super entendido. Está cetificado como usted puede ver.

-¿Y sirve igual?

-! Hombre! la duda ofende , ¿Cree que yo le iba a engañar?. Por el amor de Dios…y así no queda registrado en ningún lado y usted puede pagar en “B” como un señor.

Y así nuestro comprador se hacía con una obra firmada “TAL” (que no por “TAL”) con unos papeles que servían entonces al igual que hoy para no ensuciar la calle cuando se pasea al perro y sin recibo o contrato de venta para reclamar o demostrar que había comprado aquel cuadro(fuera de quien fuera)

 

Sí piensan que esto sucedía hace uno o dos siglos, no se equivoquen. Esto sucedía allá por los años 60  del s.XX

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Jorge Llopis